En medio de uno de los tantos médanos de Montecarlo está instalado desde hace 30 años Jara, el sereno, que tiene como tarea controlar que los pinos que él mismo plantó hace una década crezcan según lo planeado.
A sólo cinco kilómetros al norte de Pinamar existe Montecarlo. Y aunque aún es una zona de dunas y pinos, en una década podría tener el mismo glamour que la del Principado de Mónaco, hasta con puerto propio.
Los mapas turísticos indican la ubicación geográfica de estos médanos vírgenes, y otros hasta ilustran un trazado de calles que no existe, pero en el boca a boca local todos dicen que "va a ser algo grande", más exclusivo que Cariló y Punta del Este.