La Patagonia en general está surcada por una inmensa cantidad de ríos y lagos, pero la provincia de Neuquén en particular contempla la mayor cuenca hídrica del sur argentino, haciendo de esta provincia y sus ciudades un paraíso para los pescadores y turistas, además de estar embebidos en uno de los mejores paisajes de la argentina.
Este inmenso Lago Patagónico con una superficie calculada de 450 Km² y una profundidad de 40 a 50 metros, conforma junto al Lago Colhue Huapi, la cuenca lacustre ubicada a 45°30’ latitud sur y 60° longitud Oeste, los dos espejos de agua reciben el aporte del Río Senguerr proveniente del Lago Fontana (sobre la Cordillera de los Andes), su altura sobre el nivel del mar es de 271 metros.
En esta zona de pesca prolífica, el mosquero puede llegar a olvidarse del mundo. "Es que si Usted traza un abanico imaginario puede abarcar en él lagos y ríos con diversas poblaciones de salmónidos. Acá esta lleno de lagos... desde el Lago Vinter donde nace el río Corcovado el Lago Guacho, Lago Engaño... Lago Berta Superior y Berta inferior... Distintos caminos te llevan a todos ellos"
Un Salar es un lago superficial en cuyos sedimentos dominan las sales (cloruros, sulfatos, nitratos, boratos, etc). Las sales precipitan por la fuerte evaporación, que a largo plazo siempre es mayor que la alimentación o entrada de las aguas en la cuenca.
La Mar Chiquita es el epicentro de una cuenca endorréica cuyos principales afluentes son los ríos Dulce (también conocido, según la zona, como Salí, Míshqui Mâyu y Petri), río Primero o Suquía y río Segundo o Xanaes. El río Dulce aporta sus caudales desde el noroeste y los ríos Primero y Segundo lo hacen desde el suroeste.
Llancanelo es un inmenso cuerpo de agua salada que se encuentra en el extremo sur de la Depresión de los Huarpes, en un ambiente semi-desértico. Es una cuenca cerrada (endorreica), y su extensión máxima ocupa una superficie de 65.000 hectáreas, con 120 kilómetros de perímetro, resultando una imágen contrastante con el desierto que la rodea. El azul del agua disputa la primació del colorido a los pardos y ocres característicos de los ambientes áridos, teniendo la inmensidad de la cordillera como distante complemento para un paisaje admirable y dificil de olvidar.